Esperarte aquella anoche
fue esperar el tiempo que no llega,
el bus que pasa y nunca se detiene.
Las campanadas marcan horas inexistentes,
la noche nos cubre de inquietudes,
que el humo del tabaco no calma.
El cigarrillo de las 7.30 se consume,
yo sigo en este paradero, para mí, inservible.
No hay lluvia ni recuerdos
sólo la noche, el paradero y mi soledad.
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